El ruido de la ciudad quedaba amortiguado por la incesante lluvia otoñal, tan solo el resplandor de los relámpagos dejaba ver la silueta de Carlos que indolente cruzaba la calle, la tarde era gris y desapacible, cosa que poco le importaba cuando el color de sus pensamientos era mas oscuro que la tarde.

Su vida era la historia de una persona solitaria, que desde hacia muchos años vivía alejado de su familia y de las personas que había querido, los sueños e inquietudes de juventud le habían llevado a recorrer una gran parte del mundo sin dejar que nada le sujetase a ningún sitio de los que había estado

Era un idealista, un soñador que había creído en la igualdad de derechos para todas las personas, durante mucho tiempo dejo a un lado cualquier tipo de interés personal que no fuera la defensa de sus ideas.

Ahora, después de tanto tiempo se sentía cansado,- cansado y abatido,- los últimos acontecimientos le superaban y su capacidad de lucha estaba a la altura del asfalto, ese asfalto que ahora era la base de sus pasos.

Caminaba como sonámbulo, imbuido de sus pensamientos, se dejaba llevar de la inercia de sus pies hacia donde quisieran llevarle.

Un relámpago puso luz espectral a la escena, durante un momento las sombras tomaron forma y las zonas en penumbra quedaron iluminadas dejando entrever a las pocas personas que se resguardaban donde podían de la incesante lluvia.

Una voz suave de mujer atrajo su atención….

– ¡Señor pillara una pulmonía!

Se giro despacio buscando el sitio de donde provenía la llamada.

– ¡Venga aquí señor no es bueno andar empapado!

La calle estaba sin luz a causa de la tormenta, cuando de nuevo un relámpago la ilumino toda y pudo ver a la mujer que le aconsejaba cobijarse.

Durante un breve instante dudó si atender la llamada o seguir adelante, Qué mas da se dijo a si mismo mientras se dirigía hacia el portal con la misma dejadez con la que hacia rato caminaba.

El sitio era un soportal que daba acceso a la entrada principal de una vieja casa de dos plantas, bajo el pórtico cuatro escalones separaban la puerta de la casa de la acera, allí sentada sobre el último escalón, envuelta en un abrigo de lana de color beige y guantes del mismo color, se encontraba la mujer que momentos antes le había llamado haciéndole cambiar el rumbo de sus pasos y el de los pensamientos.

El hecho de que una persona totalmente desconocida se preocupase por el era suficiente motivo para dedicarle su atención y expresarle su agradecimiento-

– ¡Buenas tardes!;

Fueron sus primeras palabras cuando estuvo ya a cubierto y cerca de ella.

– Gracias por preocuparte por mí.

– No tienes porque darlas, la tarde no esta para andar vagando por ahí y esa
es la impresión que me ha dado al verte.

– Gracias de todas formas, si no lo hubieras hecho seguiría vagando como
bien has dicho.

– Ahora permite que me presente….Mi nombre es Carlos, y aunque no sea algo
que pueda interesarte tus palabras son el único motivo para no seguir bajo la
lluvia.

– Yo soy Emily -se presento ella- y me alegro de ser la razón para que no
pilles un resfriado ¡que en ningún caso seria la solución a tus problemas!

Una tímida sonrisa se dibujo en los labios de Carlos.

– ¿Puedo sentarme?-pregunto-

-. ¡Si por favor! –Emily apretó a su costado la bolsa de viaje en la que estaba
apoyada y le indico que se sentara allí ya que era el rincón mas
resguardado del viento.

Carlos se sentó y durante un breve espacio de tiempo permanecieron en silencio, tan solo se escuchaba el sonido de la lluvia en los charcos mientras contemplaban la silueta de una iglesia recortándose contra el resplandor de la otra parte de la ciudad que permanecía con luz a pesar de la tormenta.

El ambiente se prestaba a la melancolía inundándoles el estado de ánimo con recuerdos
de un tiempo ya pasado que les había traído a este presente.

Emily rompió el silencio con un tono de voz amable:

– Una situación extraña, somos dos personas acunando nuestros pesares bajo
el manto de la lluvia y sin embargo no parece tener importancia nada de lo
que nos ha traído a esta situación.

– Así parece –añadió Carlos- no tengo la sensación de estar con una
Persona desconocida es como si nos hubiéramos conocido hace mucho
tiempo y ahora volviésemos a encontrarnos.

– ¡Si en otra vida! -Bromeo Emily-

Una tenue luz colándose por debajo de la puerta atrajo su atención hacia la entrada de la casa, antes de darles tiempo a decir nada se oyó un ruido metálico a la altura de la cerradura y con un leve chirriar de bisagras la puerta empezó a abrirse.

Al otro lado apareció una mujer de cuidado aspecto y cuya edad era difícil de precisar,
sujetaba la puerta con una mano y en la otra una vela que el viento amenazaba apagar.

– ¡Pasen por favor!- Eras unas palabras dichas como una petición ineludible
de aceptar su hospitalidad.

Emily miro a Carlos y sin necesidad de cruzar palabra alguna se incorporaron para entrar al tiempo que manifestaban su agradecimiento. –

Siguieron los pasos de su anfitriona hasta el salón, frente a ellos estaba la chimenea con la reconfortante imagen de unos troncos ardiendo.

– Pasen y acomódense junto al fuego, mientras lo hacen les preparare algo
que les reanime si necesitan algo no duden en llamarme mi nombre es
Isabel.

Se alejo despacio después de encender las velas de un candelabro situado sobre la mesa.

Emily y Carlos se acercaron al fuego para entrar en calor y quitar la humedad de sus ropas.

– ¡Porque no me cuenta algo de su vida mientras nos calentamos! (Era la voz
interrogante de Emily)… Discúlpeme, no lo he podido evitar desde niña las
tardes lluviosas junto al fuego han sido el ambiente ideal para la tertulia y
sería una manera de conocernos.

– ¿Estas segura de que no te aburriré?

– ¡Estoy dispuesta a correr el riesgo!

– ¡De acuerdo! Pero si te aburre mi historia no dejes de decirlo….La última
parte de mi vida se resume en una llamada telefónica poniendo fin a una
relación de pareja en la que tenia puestas todas mis ilusiones. Desde ese
momento no he dejado de pensar en cuales serian los motivos para que Gloria
haya tomado esa decisión. Ella es la única mujer de la que me sentido
enamorado después de muchos años y ahora todo ha terminado.

– ¿Y la otra?

Carlos se quedo sorprendido!

– ¿Cómo sabes que hubo otra?

– ¡Tú acabas de decirlo! Tus palabras no dejan lugar a duda de que durante esos
años otra mujer ocupaba tu corazón.

(Carlos tuvo que reconocer que había sido así, incluso después de conocer a Gloria algunas veces inconcientemente se había acordado de ella.)

– Cuando empecé a estudiar en la universidad conocí a Marie, era una chica
preciosa, rubia y con los ojos verdes, la cara sonrosada y siempre sonriente.
(Mirándote detenidamente me doy cuenta que te pareces mucho a ella,
el color de los ojos, el pelo, hasta las expresiones de tu cara podrían ser las de
ella, aunque ahora debe tener nueve o diez años mas que tu)

¡Perdona me estoy saliendo del tema!

Durante un año coincidimos en algunas asignaturas y entablamos una amistad fuera de lo habitual, nos buscábamos con cualquier motivo para estar juntos, estudiar, pasear, ir al cine, fuimos inseparables hasta que al final del curso le conté que el año siguiente no nos veríamos ya que me iba a continuar mis estudios en Inglaterra, ese día me beso y se fue corriendo con lagrimas en los ojos.
Solo entonces me di cuenta de que mis sentimientos hacia Maria no eran simplemente amistad, había estado enamorado sin darme cuenta y lo peor de todo era que ella si sabia que estaba enamorada de mi y había callado por miedo a que yo no sintiera lo mismo, durante el tiempo que estuve en Londres el sentimiento de culpa por no haber sabido quererla me hizo pensar que se habría olvidado de mi aunque yo nunca la olvidaría, luego poco a poco me fui haciendo a la idea de que nunca volvería a verla y empecé a prestar atención a las chicas de mi entorno.
Una de aquellas chicas era Gloria, una compañera de practicas con la que coincidía gran parte del día además de compartir la soledad y la separación de los seres queridos, estas razones y la atracción física me hicieron enamorarme de ella como un adolescente sin darme cuenta que ella no me quería de la misma manera.
Por razones de trabajo podíamos vernos muy pocas veces y siempre teniendo que viajar para juntarnos, pero a pesar de todo era una relación maravillosa hasta hoy. Teníamos que vernos en su apartamento de Bruselas, me disponía a hacer trasbordo en el aeropuerto cuando llego su llamada con un adiós sin opciones, un adiós que me ha empujado a ese caminar sin rumbo del que me has rescatado.

En ese momento llegaba Isabel con una bandeja en la que humeaban dos tazas de consomé.

Dejo la bandeja en una mesa auxiliar junto al fuego y les pidió que le acompañasen para enseñarles unas habitaciones donde pasar la noche, para su costumbre de acostarse era ya un poco tarde y necesitaba descansar.
- Ustedes pueden quedarse junto al fuego el tiempo que deseen -dijo Isabel- a continuación les deseo que pasaran una buena noche y cruzo el comedor hacia el otro lado de la casa.

Ellos volvieron junto a la chimenea donde les esperaba un reconfortante consomé y la tertulia al calor del fuego.

Carlos fue esta vez el que inicio la conversación
– Ahora te toca a ti contarme algo de tu vida!

– ¡Esta bien! Creo que te lo debo –Dijo Emily y comenzó su relato-

- Antes de empezar mis estudios en la universidad vivía en un pueblo a cuarenta kilómetros de París donde termine los estudios de secundaria y del cual no había salido hasta entonces, para mi todo era nuevo, la gran ciudad, estudiar en la Sorbona, todo eso era un sueño que se cumplía, luego allí entre tanta gente nueva conocí a un chico que era el complemento perfecto del sueño. Nos hicimos amigos en las clases en las que coincidíamos y poco a poco nos hicimos inseparables. La ilusión de estar con él hacia que las horas parecieran estelas de tiempo que se nos escapaban entre los dedos, pasamos juntos un año inolvidable hasta que las cirscuntancias personales nos apartaron llevandonos por caminos diferentes Termine mis estudios y volví a mi pueblo donde me dedique a la enseñanza en el instituto, durante todo ese tiempo siempre pensaba que un día entraría aquel chico por la puerta pero ese día nunca llego.

El sonido del reloj del salón interrumpió el relato de Emily con once monótonas campanadas-

– ¡Es un poco tarde deberíamos irnos a descansar!-dijo Emily-

Carlos asintió y poniéndose en pie cogió el candelabro, acompaño a Emily hasta una de las habitaciones y después se dirigió a la suya donde se metió en la cama pensando en todos los acontecimientos del día.

Tardo poco en dormirse a pesar de tantos pensamientos dándole vueltas por la cabeza,
cuando se despertó la claridad del día inundaba la habitación y tuvo que hacer un esfuerzo para recordar donde se encontraba, recorrió la habitación con la mirada mientras tomaban forma las imágenes del día anterior, ya mas despejado y con las ideas un poco en orden se vistió y salio de la habitación; esperaba encontrar a Emily o a Isabel ya despiertas, sin embargo la casa estaba silenciosa, la chimenea estaba apagada y la mesa donde unas horas antes humeaban las tazas de consomé estaba vacía y cubierta por una fina capa de polvo, no había ninguna señal que indicase su uso desde hacia bastante tiempo, se acerco a la chimenea y los ladrillos donde debía haber restos de fuego o cenizas estaban cubiertos por el polvo.

Estaba confuso y se dirigió a la habitación de Emily, llamo con los nudillos a la puerta y de nuevo el silencio fue la única respuesta a su llamada. Movió el picaporte y empujó…La puerta cedió con un leve chirrido dejando ver una habitación vacía, el polvo cubría los muebles y la cama no había sido usada en años.

Su desconcierto crecía por momentos…. Reviso toda la casa sin encontrar mas rastro de uso que sus pisadas, varias veces recorrió los pasillos y habitaciones mientras crecía en su interior la sensación de haber estado antes en esa casa.

Estaba de pie delante de la chimenea cuando se fijo en un porta fotos que había en la repisa, lo cogió con cuidado y con los dedos quito el polvo del cristal, el corazón se le acelero al reconocer a Marie tal y como era cuando la conoció.

Los recuerdos de aquellos años desfilaron por su mente como una película hecha de imágenes sueltas, los paseos con Marie, las visitas a casa de su abuela, unos recuerdos que tomaban orden entre aquellas paredes, abrió con cuidado el porta fotos y la extrajo con cuidado, la observo detenidamente como esperando encontrar en ella la clave para aclararlo todo.

Una dedicatoria manuscrita, que decía… ¡para mi abuela con cariño! firmada por Marie y el cuño del estudio fotográfico donde había sido hecha eran los únicos enigmas que la foto desvelaba.

Guardo la foto en su cartera y miro el reloj del salón, el hecho de estar parado con las agujas marcando las doce no le extraño, eran tantos los sucesos inexplicables que uno mas no tenia demasiada importancia.

Empezaba a pensar que todo había sido una alucinación producto de su estado de ánimo, una mala pasada de sus debilitadas neuronas, aun así tomo la decisión de seguir sus impulsos y lo primero que se le ocurría era ir a buscar a Marie.

El día estaba nublado con algunos claros por los cuales entraba el Sol dando un toque de color a la ciudad. Era un buen día para comenzar de nuevo a soñar.

Busco una oficina de coches de alquiler y después de los tramites necesarios se encontraba cruzando Paris con el firme propósito de encontrarla.

Una hora más tarde estaba entrando en un pequeño pueblo alejado del ruido y las prisas de la ciudad, se dejo llevar por los indicadores donde leía “Centro Ciudad” hasta desembocar en una plaza que parecía ser el centro en todos los sentidos, en los cuatro costados se dejaban ver los variopintos y llamativos letreros que indicaban la actividad de cada local, panadería, supermercado, cafetería … de pie sobre la acera fue recorriéndolos con la mirada hasta que se detuvo en un discreto letrero negro y con letras blancas donde se leía “Estudio Fotográfico Renoir”, busco la foto de Maríe para asegurarse que era ese el que buscaba y con decisión cruzó la plaza hasta encontrarse frente a la puerta , se notaba alterado y se detuvo unos segundos para serenar el ánimo y la respiración antes de entrar.

Respiro a fondo y empujando la puerta entro, un joven dependiente se le acerco.

- ¿Qué desea señor? – Carlos se decidió por encontrar a alguien de más edad
- Busco a la persona que pudo haber hecho esta foto.
- Un momento. – Dijo el joven mientras salía por detrás del mostrador ¡Abuelo, un señor te busca! – dirigiéndose de nuevo a Carlos añadió – Disculpe por los gritos pero esta un poco sordo; él es quien abrió el negocio y le puso de nombre su apellido, creo que es el único que puede ayudarle, a pesar de la edad su cabeza es su mejor archivo.

El señor Renoir llegó al mostrador y tomo aire antes de dirigirse a Carlos.

- ¿Qué desea?

Carlos le mostró la foto

- Me gustaría encontrar a esta chica, se llama Maríe es una amiga que no veo desde hace muchos años y ayer de forma extraña llegó esta foto a mis manos.

El hombre tomo la foto y en la cara se le dibujó un gesto de dolor cuando reconoció a la joven

- Era mi sobrina – dijo con la voz compungida – hoy hace diez años de su muerte, era una chica alegre y llena de vitalidad hasta que un día a mitad de carrera se volvió solitaria y depresiva. Terminó sus estudios en Paris y luego consiguió una plaza de profesora en el instituto del pueblo, parecía que había encontrado sosiego para su vida, pero todo era apariencia. Cuando murió mi hermana cayó en una profunda depresión que acabó con su apesadumbrada existencia. Si desea hacerle una visita puede ir al panteón de la familia Lecrer Renoir.

Carlos ya no escuchaba, había entrado en un estado de bloqueo mental en el cual solo podía pensar en Marie.

Se despidió dando las gracias como un autómata y salió en busca del coche.

Haría su última visita a Marie, se sentía en deuda con ella y empezaba a tener un sentimiento de culpa que necesitaba redimir.

Había pasado junto al cementerio al entrar en el pueblo y se dirigió allí sin vacilar, durante el trayecto no podía dejar de pensar en como había llegado hasta aquí, la forma en que había aparecido Emily, y la relación que podía haber entre Ella y Marie además de su parecido.

Aparco el coche junto a la puerta y buscó al campo santero, un hombre joven se le acercó dándose a conocer como el encargado del cementerio, le acompañó hasta el panteón que quería visitar y después de abrir la puerta se alejó dejándole a solas con sus pensamientos, se acercó a la entrada y buscó con la mirada el nombre de Marie. Las piernas empezaron a temblarle mientras leía la placa que la recordaba y la frase mortuoria.

Emily Marie Lecrer Renoir
“Siempre te estaré esperando”

Acabó por caer al suelo, había comenzado a llover cuando se levantó de nuevo, se acercó a la entrada y le llamó la atención el resplandor que salía por la escalera de bajada a la cripta, antes de entrar volvió la vista atrás y pudo ver el cuerpo de un hombre que le resultaba familiar tendido bajo la lluvia.

FIN

Ulyses 19-11-2005

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Me asombra de nuevo el día que amanece
y yo aquí de nuevo,sin amanecer
envuelto en las sombras,
en la noche perenne de tu ausencia
en el eco de una voz que te llama
y siempre vuelve vacía
a lo lejos una luz que solo se insinúa
y yo en el fondo de un océano que me aprisiona
que me aplasta y hace mas ínfima mi pequeñez
mas sólida mi soledad
mas infinita la angustia
y de nuevo amanezco sin ti

Ulyses

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S¡ he de vivir sin tu amor
Dime como he de hacerlo
Como aprendo a volar sin alas
como a renacer de nuevo
como a respirar el aire de la ausencia

¡Dímelo tú! ¿Como aprendo?

Si no se mirar sin tus ojos
si tu adiós fue mi veneno
si cada paso que te alejas
me acerca mas al infierno

¡Dímelo tu! ¿Como aprendo?

Como florecer de nuevo
si mis pétalos son negros
si soy una rosa marchita
deshojada hoy por el viento
y solo quedan espinas

¡Dímelo tú! ¿Como aprendo?

¡Dime!

¿Donde se perdió la magia?
¿Dónde la luz de tus ojos?
¿Donde tu tierna mirada?
¿Dónde se fue tu sonrisa?
¿Dónde tus dulces palabras?

¡Qué mar te mece en sus olas
mientras yo navego a solas!

¡Qué estrella ilumina tu noche
que en mi noche tu brillo se apaga!

¿Quién me robo tus caricias?
¿Quién duerme sobre tu almohada?
¡Quién arde hoy con tu fuego
mientras mi llama se acaba!

¡Dime tu en que momento
perdí lo que tanto amaba!

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EL DIA QUE FUI TORERO

En las fiestas de mi pueblo, una tarde de verano, una suelta de novillos el alcalde ha programado.
A las cinco de la tarde dará comienzo el festejo, para que toreen los mozos, (los bravos mozos del pueblo) ¡y si se atreven los viejos!
Yo con diecinueve años a torear fui dispuesto, un buen grupo de amigas y amigos, y para el calor refresco. Llevamos zurra casera, (bebida tradicional).
Vino con agua y azúcar y las frutas que ha lugar, Plátano, Melocotón, Pera, también Manzana y algún que otro licor. También trocitos de hielo para guardar el frescor.
Todo estaba preparado, podía empezar la función, y como capote un trapo encontrado en un cajón. Lo típico es de color rojo, ¡el mío era azul chillón!
Ocupamos los asientos como manda tradición, los más valientes al ruedo los otros al callejón, ya soltaron la vaquilla, empieza la diversión, algunos mozos la esquivan, a otros da un revolcón.

La Tarde está calurosa y bebemos con fruición mientras la primera vaquilla la retiran al cajón. Han soltado la segunda es igual a la anterior joven y de poca fuerza (más bien parece una cabra) y sigue la animación.
Después de bien refrescados, decidimos con gran valor meternos juntos al ruedo, mi amigo Antonio y yo.

“Todo lo relatado no tiene más intención que recrear el ambiente y situar al lector”

Ya llegados a la arena, vemos con desilusión que retiran la vaquilla, ¡parece que no podremos hacer nuestra gran faena!

Caminamos hacia afuera y nos dice un “enterao” que soltarán la primera
porque esta se ha “cansao”.

Nos quedamos en el ruedo y en el centro de la arena extendiendo el capote preparamos la faena.
Torearemos juntos los dos, él a un lado del capote en el otro lado yo.

Vemos un poco extrañados a los mozos apartados, el ruedo lo han vaciado y solos nos han dejado.
Escuchamos abrirse la puerta, ¡ahora empezará la fiesta!

Y notamos angustiados que han soltado un toro nuevo, uno que no esté cansado.

Quise mirar a mi amigo y como por arte de magia, vi el capote colgando, a mi amigo vi corriendo, ¡parecía ir asustado! justo en aquel momento me sentí abandonado.
Hay que ver como corría, de rápido que lo hacia parecía ir flotando, tanto quería correr que la inercia de los pies en el culo le iba dando.

No pude en aquel momento seguir mirando el evento, un toro negro con cuernos me refresco el pensamiento.

El capote inerte a mi lado, delante de mí aquel bicho, con dos grandes cuernos armado, y aunque quería correr, estaba en el suelo plantado.
Quise desaparecer y como si fuese un mago, me escondí tras el capote.

De pronto no vi al toro. ¡Quizás lo había logrado!……….

Me asomé por una orilla con el capote apartado, y pasó como un expreso aquel bicho por mi lado.
Aún continuaba entero, por el momento librado, me aclamaba la afición, la gloria había alcanzado.
Me giré mirando al tendido y de pronto me quedé helado, de nuevo estaba allí el toro! Pensaba se habría marchado!
No quedaba alternativa, como” Gari Cooper” torero, estaba solo ante el peligro y me despoje del miedo.
Fueron cuatro capotazos era toda una faena y mirando de reojo vi a los mozos en la arena.
El peligro había pasado, ya no me encontraba solo, todos distraían al toro y de mí se había olvidado
Recogiendo el capote me marché hacia el tendido, pero me marché pensativo. Aquél toro era mi amigo, pudiendo haberme corneado, tan sólo jugó conmigo.

Ulyses

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Surcan mis manos el aire
buscan dibujar tu cuerpo
manantial que entre las sombras
hace brotar mi deseo.

Líneas curvas repetidas
la simetría de tus senos
semiesferas de blanca piel
eje rosado su centro.

¡Redondez, forma infinita!
Geometría del universo.

Suaves laderas descienden
sobre tu vientre perfecto
forman redondas caderas
lunas de húmedo encuentro.

Caprichosa geografía
que moldeando tu cuerpo
entre marmóreas columnas
emerja el monte de Venus.

Centro de gravedad
que atrae mi sexo convexo
cavidad, gruta, volcán
de ardiente lava su centro.

Cuerpo suave de mujer
fresca y lozana belleza
de amenazante placer
vestida de primavera.

Pasión, amor y ternura
despertaron mi deseo
deseo, de amar tu piel
deseo de amor incompleto.

¿Donde quedo la razón
adonde los sentimientos?
el latir de un corazón
queriendo salir del pecho.

Buscando latir con el tuyo
vivir en tu pensamiento
dibujar amaneceres
sonrisas pintando el cielo.

De la rosa ser rocío
en tu barco marinero.

Estaba pensando en ti
he dibujado tu cuerpo
lo he pintado de amor
con la tinta del deseo.

Ulyses

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